Las palomas vuelan libres por ahí, mientras que mis compatriotas y yo debemos soportar estas horas de tortura semanal. No podemos escaparnos, el poder de coacción seria fatal para cualquier valiente hombre que desee atravesar el alambrado color plata que nos priva de todas nuestras libertades y deseos.
El arduo labor de planear como salir de aquí es estresante y aun más cuando ves como toda tu fe se quiebra cual cristal contra aquel suelo color gris que con solo mirarlo quita todas las ganas que uno pueda tener de seguir viviendo.
martes, 12 de junio de 2012
lunes, 11 de junio de 2012
Hamlet/William Shakespeare.
¡Ser, o no ser, es la cuestión!—¿Qué debe
más dignamente optar el alma noble
entre sufrir de la fortuna impía
el porfiador rigor, o rebelarse
contra un mar de desdichas, y afrontándolo
desaparecer con ellas?
Morir, dormir, no despertar más nunca,
poder decir todo acabó; en un sueño
sepultar para siempre los dolores
del corazón, los mil y mil quebrantos
que heredó nuestra carne, ¡quién no ansiara
concluir así! Morir... quedar dormidos...
Dormir... tal vez soñar!—¡Ay! allí hay algo
que detiene al mejor. Cuando del mundo
no percibamos ni un rumor, ¡qué sueños
vendrán en ese sueño de la muerte!
Eso es, eso es lo que hace el infortunio
planta de larga vida. ¿Quién querría
sufrir del tiempo el implacable azote,
del fuerte la injusticia, del soberbio
el áspero desdén, las amarguras
del amor despreciado, las demoras
de la ley, del empleado la insolencia,
la hostilidad que los mezquinos juran
al mérito pacífico, pudiendo
de tanto mal librarse él mismo, alzando
una punta de acero? ¿quién querría
seguir cargando en la cansada vida
su fardo abrumador?... Pero hay espanto
¡allá del otro lado de la tumba!
La muerte, aquel país que todavía
está por descubrirse,
país de cuya lóbrega frontera
ningún viajero regresó, perturba
la voluntad, y a todos nos decide
a soportar los males que sabemos
más bien que ir a buscar lo que ignoramos.
Así, ¡oh conciencia!, de nosotros todos
haces unos cobardes, y la ardiente
resolución original decae
al pálido mirar del pensamiento.
Así también enérgicas empresas,
de trascendencia inmensa, a esa mirada
torcieron rumbo, y sin acción murieron.
Ser o no ser, la alternativa es esa!
Si es a la luz de la razón mas digno
sufrir los golpes y punzantes dardos
de suerte horrenda, o terminar la lucha
en guerra contra un piélago de males.
Morir; dormir. No mas, y con un sueno
pensar que concluyeron las congojas,
los mil tormentos, de la carne herencia,
debe termino ser apetecido.
Morir; dormir. Dormir? Sonar acoso!
Ah! la remorsa es esa; pues que suenos
podrán ser los que acaso sobrevengan
en el dormir profundo de la muerte,
ya de mortal envuelta despojados,
suspende la razón: ahi el motivo
que a la desgracia da tan larga vida.
Quien las contrariedades y el azote
de la fortuna soportar pudiera,
la sinrazón del despota, del vano
el ceno, de la ley las dilaciones,
de un amor despreciado las angustias,
del poder los insultos, y el escarnio
que del menguado el merito tolera,
cuando el mismo su paz conseguiría
con un mero punzón? Quien soportara
cargas que con gemidos y sudores
ha de llevar en vida fatigosa,
si el recelo de un algo tras la muerte,
incógnita region de donde nunca
torna el viajero, no turbara el juicio
haciéndonos sufrir el mal presente
mas bien que un busca ir de lo ignorado?
Nuestra conciencia, así, nos acobarda;
y el natural matiz de nuestro brío,
del pensar con los pálidos reflejos
se marchita y así grandes empresas
y de inmenso valer su curso tuercen
y el distintivo pierden de su impulso.
Pero silencio. La gentil Ofelia!
Ah ninfa! En tus plegarias
que todos mis pecados se recuerden.
Ser o no ser... He ahí el dilema.
¿Qué es mejor para el alma,
sufrir insultos de Fortuna, golpes, dardos,
o levantarse en armas contra el océano del mal,
y oponerse a él y que así cesen? Morir, dormir...
Nada más; y decir así que con un sueño
damos fin a las llagas del corazón
y a todos los males, herencia de la carne,
y decir: ven, consumación, yo te deseo. Morir, dormir,
dormir... ¡Soñar acaso! ¡Qué difícil! Pues en el sueño
de la muerte ¿qué sueños sobrevendrán
cuando despojados de ataduras mortales
encontremos la paz? He ahí la razón
por la que tan longeva llega a ser la desgracia.
¿Pues quién podrá soportar los azotes y las burlas del mundo,
la injusticia del tirano, la afrenta del soberbio,
la angustia del amor despreciado, la espera del juicio,
la arrogancia del poderoso, y la humillación
que la virtud recibe de quien es indigno,
cuando uno mismo tiene a su alcance el descanso
en el filo desnudo del puñal? ¿Quién puede soportar
tanto? ¿Gemir tanto? ¿Llevar de la vida una carga
tan pesada? Nadie, si no fuera por ese algo tras la muerte
—ese país por descubrir, de cuyos confines
ningún viajero retorna— que confunde la voluntad
haciéndonos pacientes ante el infortunio
antes que volar hacia un mal desconocido.
La conciencia, así, hace a todos cobardes
y, así, el natural color de la resolución
se desvanece en tenues sombras del pensamiento;
y así empresas de importancia, y de gran valía,
llegan a torcer su rumbo al considerarse
para nunca volver a merecer el nombre
de la acción.
Ser o no ser, todo el problema es ése
¿qué es más noble al espíritu, sufrir
golpes y dardos de la airada suerte,
o tomar armas contra un mar de angustias
y darles fin luchando?
Morir; dormir; no más; y con un sueño
dar fin a la congoja y sobresaltos
que la carne heredó, consumación
que se ha de desear. Morir, dormir,
dormir, tal vez soñar: ese es el caso:
porque el pensar que sueños trae la muerte
ya desprendidos del mortal estorbo
nos ha de contener. Ese respeto
larga existencia presta a mi fortuna
pues ¿quién sufriera el azotar del mundo
o al opresor, la afrenta del soberbio,
la hiel del huido amor, la tarda ley,
la insolencia del cargo y los desprecios
que al mérito le ofrece el hombre indigno,
cuando por sí se diera su descanso
con un simple estilete? ¿Quién querría
lamentarse y sudar toda una vida,
sin el temor de algo tras la muerte,
esa ignota región de cuyos límites
ninguno vuelve, que turba la mente,
y hace nos soportar los males ciertos
y no volar a otros ignorados?
La conciencia nos vuelve así cobardes
y así el matiz de la resolución
desmaya el suave tinte de la idea
y las empresas de rigor y empeño,
ante el temor, su curso tuercen pronto,
y dejan de tener nombre de acción...
más dignamente optar el alma noble
entre sufrir de la fortuna impía
el porfiador rigor, o rebelarse
contra un mar de desdichas, y afrontándolo
desaparecer con ellas?
Morir, dormir, no despertar más nunca,
poder decir todo acabó; en un sueño
sepultar para siempre los dolores
del corazón, los mil y mil quebrantos
que heredó nuestra carne, ¡quién no ansiara
concluir así! Morir... quedar dormidos...
Dormir... tal vez soñar!—¡Ay! allí hay algo
que detiene al mejor. Cuando del mundo
no percibamos ni un rumor, ¡qué sueños
vendrán en ese sueño de la muerte!
Eso es, eso es lo que hace el infortunio
planta de larga vida. ¿Quién querría
sufrir del tiempo el implacable azote,
del fuerte la injusticia, del soberbio
el áspero desdén, las amarguras
del amor despreciado, las demoras
de la ley, del empleado la insolencia,
la hostilidad que los mezquinos juran
al mérito pacífico, pudiendo
de tanto mal librarse él mismo, alzando
una punta de acero? ¿quién querría
seguir cargando en la cansada vida
su fardo abrumador?... Pero hay espanto
¡allá del otro lado de la tumba!
La muerte, aquel país que todavía
está por descubrirse,
país de cuya lóbrega frontera
ningún viajero regresó, perturba
la voluntad, y a todos nos decide
a soportar los males que sabemos
más bien que ir a buscar lo que ignoramos.
Así, ¡oh conciencia!, de nosotros todos
haces unos cobardes, y la ardiente
resolución original decae
al pálido mirar del pensamiento.
Así también enérgicas empresas,
de trascendencia inmensa, a esa mirada
torcieron rumbo, y sin acción murieron.
Ser o no ser, la alternativa es esa!
Si es a la luz de la razón mas digno
sufrir los golpes y punzantes dardos
de suerte horrenda, o terminar la lucha
en guerra contra un piélago de males.
Morir; dormir. No mas, y con un sueno
pensar que concluyeron las congojas,
los mil tormentos, de la carne herencia,
debe termino ser apetecido.
Morir; dormir. Dormir? Sonar acoso!
Ah! la remorsa es esa; pues que suenos
podrán ser los que acaso sobrevengan
en el dormir profundo de la muerte,
ya de mortal envuelta despojados,
suspende la razón: ahi el motivo
que a la desgracia da tan larga vida.
Quien las contrariedades y el azote
de la fortuna soportar pudiera,
la sinrazón del despota, del vano
el ceno, de la ley las dilaciones,
de un amor despreciado las angustias,
del poder los insultos, y el escarnio
que del menguado el merito tolera,
cuando el mismo su paz conseguiría
con un mero punzón? Quien soportara
cargas que con gemidos y sudores
ha de llevar en vida fatigosa,
si el recelo de un algo tras la muerte,
incógnita region de donde nunca
torna el viajero, no turbara el juicio
haciéndonos sufrir el mal presente
mas bien que un busca ir de lo ignorado?
Nuestra conciencia, así, nos acobarda;
y el natural matiz de nuestro brío,
del pensar con los pálidos reflejos
se marchita y así grandes empresas
y de inmenso valer su curso tuercen
y el distintivo pierden de su impulso.
Pero silencio. La gentil Ofelia!
Ah ninfa! En tus plegarias
que todos mis pecados se recuerden.
Ser o no ser... He ahí el dilema.
¿Qué es mejor para el alma,
sufrir insultos de Fortuna, golpes, dardos,
o levantarse en armas contra el océano del mal,
y oponerse a él y que así cesen? Morir, dormir...
Nada más; y decir así que con un sueño
damos fin a las llagas del corazón
y a todos los males, herencia de la carne,
y decir: ven, consumación, yo te deseo. Morir, dormir,
dormir... ¡Soñar acaso! ¡Qué difícil! Pues en el sueño
de la muerte ¿qué sueños sobrevendrán
cuando despojados de ataduras mortales
encontremos la paz? He ahí la razón
por la que tan longeva llega a ser la desgracia.
¿Pues quién podrá soportar los azotes y las burlas del mundo,
la injusticia del tirano, la afrenta del soberbio,
la angustia del amor despreciado, la espera del juicio,
la arrogancia del poderoso, y la humillación
que la virtud recibe de quien es indigno,
cuando uno mismo tiene a su alcance el descanso
en el filo desnudo del puñal? ¿Quién puede soportar
tanto? ¿Gemir tanto? ¿Llevar de la vida una carga
tan pesada? Nadie, si no fuera por ese algo tras la muerte
—ese país por descubrir, de cuyos confines
ningún viajero retorna— que confunde la voluntad
haciéndonos pacientes ante el infortunio
antes que volar hacia un mal desconocido.
La conciencia, así, hace a todos cobardes
y, así, el natural color de la resolución
se desvanece en tenues sombras del pensamiento;
y así empresas de importancia, y de gran valía,
llegan a torcer su rumbo al considerarse
para nunca volver a merecer el nombre
de la acción.
Ser o no ser, todo el problema es ése
¿qué es más noble al espíritu, sufrir
golpes y dardos de la airada suerte,
o tomar armas contra un mar de angustias
y darles fin luchando?
Morir; dormir; no más; y con un sueño
dar fin a la congoja y sobresaltos
que la carne heredó, consumación
que se ha de desear. Morir, dormir,
dormir, tal vez soñar: ese es el caso:
porque el pensar que sueños trae la muerte
ya desprendidos del mortal estorbo
nos ha de contener. Ese respeto
larga existencia presta a mi fortuna
pues ¿quién sufriera el azotar del mundo
o al opresor, la afrenta del soberbio,
la hiel del huido amor, la tarda ley,
la insolencia del cargo y los desprecios
que al mérito le ofrece el hombre indigno,
cuando por sí se diera su descanso
con un simple estilete? ¿Quién querría
lamentarse y sudar toda una vida,
sin el temor de algo tras la muerte,
esa ignota región de cuyos límites
ninguno vuelve, que turba la mente,
y hace nos soportar los males ciertos
y no volar a otros ignorados?
La conciencia nos vuelve así cobardes
y así el matiz de la resolución
desmaya el suave tinte de la idea
y las empresas de rigor y empeño,
ante el temor, su curso tuercen pronto,
y dejan de tener nombre de acción...
William Shakespeare : Hamlet / Ser o no ser
¿Y si...?
Esas preguntas que uno se plantea luego de que algo no funcionara como se esperaba. Ese ¿Y si...? que nos complica la vida cada vez que se impone ante nosotros como si fuera el mismísimo muro de Berlin o la muralla china, el que más les guste.
Realmente me gustaría poder responder esas preguntas medias raras que me planteo pero eso es casi imposible...
Realmente me gustaría poder responder esas preguntas medias raras que me planteo pero eso es casi imposible...
domingo, 3 de junio de 2012
Un segundo.
Lunes a las siete de la tarde. Santiago bulle de gente y yo en una micro rumbo a mi casa, parado como muchos que no tienen asiento mientras siento como el bus se mueve con su traqueteo del motor por las calles de la ciudad. No cabe un alma más en el concurrido vehículo, la gente en los asientos mira por la ventana, escucha música o simplemente dormita.
Frenazo. Me afirmo del fierro que parte desde el piso y termina en el techo y en un segundo mi dedo toca tu dedo, tu dedo suave, joven, femenino. Desconozco tu rostro, tu nombre, tu vida; de hecho no te he podido ni ver.En un segundo todo se vuelve colores, un mosaico de pensamientos caleidoscópicos, que arremolinados revolucionan mi cabeza. Un segundo, y ya no estabas. Un segundo y ya no estaba.La calle me recibía con tantos rostros como el tuyo, rostros ausentes, rostros desconocidos, rostros ajenos.
Frenazo. Me afirmo del fierro que parte desde el piso y termina en el techo y en un segundo mi dedo toca tu dedo, tu dedo suave, joven, femenino. Desconozco tu rostro, tu nombre, tu vida; de hecho no te he podido ni ver.En un segundo todo se vuelve colores, un mosaico de pensamientos caleidoscópicos, que arremolinados revolucionan mi cabeza. Un segundo, y ya no estabas. Un segundo y ya no estaba.La calle me recibía con tantos rostros como el tuyo, rostros ausentes, rostros desconocidos, rostros ajenos.
miércoles, 23 de mayo de 2012
Breath
Estoy esperando, estoy orando,
entiende, empieza a esconderte.
Tomaste el respiro
justo fuera de mi.
Dejaste un hoyo
en donde mi corazón debería estar.
Tienes que pelear solo para atravesarlo,
porque yo seré tu muerte.
Breath, Breaking Benjamin
sábado, 28 de abril de 2012
García Márquez
Si supiera que esta fuera la última vez que te vea salir por la puerta, te daría un abrazo, un beso y te llamaría de nuevo para darte más. Si supiera que esta fuera la última vez que voy a oír tu voz, grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez indefinidamente.
Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo diría “te quiero” y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes. Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré.
Efecto Mariposa
¿Y cambiaría en algo si te dijera que nadie te va a querer nunca tanto como yo te quiero?
lunes, 16 de abril de 2012
Me enamora.
Me enamora ese sentimiento desenfrenado por la música.
Me enamora su sonrisa, tan iluminada y llena de alegría.
Me enamora su voz con la cual tiemblo cada vez que dices mi nombre.
Me enamora su simpleza.
Me enamora esa forma de hablar tan loca.
Me enamora esa sensación que siento cada vez que tus brazos me envuelven.
Me enamora esa mirada profunda de ese color marrón que mata mi razón.
Me enamora su pelo indomable.
Me enamora todo su ser.
Simplemente me tiene atada a él y la única salvación es esa llave, que es balanceada de lado a lado frente a mi cara sin yo poder alcanzarla o tocarla.
Puede que esto sea infantil e inútil (cosa que lo es a mi parecer) pero tengo esa necesidad rara de escribirlo a pesar de todo.
jueves, 12 de abril de 2012
Apagóse la queja del herido
cuando la muerte le besó en la frente,
y el vencedor mezcló el grito estridente
al llanto doloroso del vencido.
El campo ensangrentado, entretejido
de escudos, yelmos, lanzas, de repente
percibe el aleteo intermitente
de la Victoria en vuelo descendido.
Los pliegues de la túnica, rizados
por los múltiples dedos de la brisa,
se ciñen a su cuerpo de mujer...
En mis combates, por amor librados,
tratando de apropiarme tu sonrisa,
su imagen victoriosa quiero ver.
Francisco Álvarez Hidalgo
lunes, 2 de abril de 2012
Sin saber
el por qué mi corazón se aceleraba a tal punto que parecía que buscaba romper mis costillas para escapar de aquella cárcel conformaba por huesos tan frágiles e indestructibles a la vez. Saber ahora que sigo enganchada a vos de la peor manera, saber que si te veo moriré por dentro, saber que... No voy aguantar otro día más. Me propuse decírtelo pero estoy acá sentada escribiendo esto que tal vez ni leas por el hecho de que te hayas olvidado de que existo. Sinceramente odio este "no" que ronda por mi cabeza; ese rechazo posible, tan posible como que mañana debo levantarme temprano para ir a clases. Dios, esto es peor de lo que imaginaba o pude imaginar.
viernes, 23 de marzo de 2012
Confesiones de Invierno.
Esto no creo que empiece de la mejor manera porque allí esta él viendo como ella se acerca cada vez más, vestida de ese blanco tan puro y hermoso, sonríe como un idiota realmente enamorado, sus ojos brillan llenos emoción y alegría Algo que conmigo jamás sucedió. Jamás pensé que encontraría a alguien como él, era tan perfecto aunque sea algo terca con ese concepto. Le reprochaba cada vez que él me lo decía por lo tanto yo nunca, o eso creo, le mencione lo perfecto que era para mi. Cada silueta, movimiento, gesto, risa, llanto, cualquier cosa era perfecta como si inconscientemente estuviera ensayada unas 10 mil veces al día. Retomando el tema, allí estaba yo sentada en unas de las primeras bancas de la iglesia esperando por ese “si, acepto” que desgarraría mi alma y destrozaría mi corazón; allí estaba sonriendo y llorando al mismo tiempo fingiendo de una forma profesional mi alegría por aquel momento emotivo. Ella caminaba con una elegancia que prácticamente podría creerse que era sobreactuada, simplemente lo mío era envidia pura asía aquella mujer que había provocado que yo quedara de lado sin importancia. Pero la pregunta existencial mía era ¿Por qué estaba yo ahí? ¿Por qué estaba sentada en unas de esas filas? ¿Por qué se acordó de mí? Algo del pasado, que lo único que recuerdo haberle provocado fue un dolor cuya presencia se hacía notar cada vez que uno guardaba silencio y ningún sonido se hacía notar. Como deseo haber podido gritar en ese momento, haberlo tratado como se merecía, decirles las muchas cosas que simplemente callaba por miedo a no ser reconocida, por miedo a que me tengan miedo. Una mirada nerviosa dirigida al lugar donde me encontraba y un movimiento de cabeza, que podían significar millones de cosas pero solo se llegaba a percibir una sola: Gracias. Eso me mato lentamente durante los próximos 20 minutos dejándome anonadada de una forma hipnótica y extraña, no pude gesticular absolutamente nada ni reaccionar de una forma dramática como salir corriendo y llorando de la iglesia cual alguien que acaba de escuchar el veredicto de muerte. Como decía, estos 20 minutos transcurrieron lentos, el si ya estaba dicho y ya no quedaba nada más que hacer allí. Con cuidado salude a cada uno de los familiares que obviamente me conocían, mire con desden aquel altar que jamás pisaría con aquella persona que siempre ame, y me largue de ahí con un odio profundo y un hueco en el alma.
No es usual.
Esto va a ser una camada de cuentos que a mi parecer son algo inusual. Historias algo realista pero sacadas de una galera. Espero que les guste y mis sinceras disculpar si llego a redactar de una forma desastrosa o llego a cometer errores que espantan a cualquiera.
Ma.Victoria.-
sábado, 25 de febrero de 2012
Sinceramente...
ya no se que hacer con esta cuenta, intento que me salga algo y termino diciendo las cosas a medias. Quiero gritar las cosas y solo digo lo poco e indispensables en lamentos inaudibles. Y que le voy a hacer si así soy yo, algunos días puedo contarte la historia de mi vida y otros lo único que podrías oír que salga de MI boca es... Un bien que difícilmente me creo.
El otro día leí que el primer amor nunca se olvida, al leerlo el primer pensamiento que se me cruzo por la cabeza fue uno al mejor estilo gallego -Estoy jodida-después de leer eso empece a entender ciertas cosas que no pienso nombrarlas, sería el fin de mi existencia. Lo mejor es estar escribiendo todas estas cosas y escuchar de fondo el tema de Adele "First Love" *Un aplauso*
El otro día leí que el primer amor nunca se olvida, al leerlo el primer pensamiento que se me cruzo por la cabeza fue uno al mejor estilo gallego -Estoy jodida-después de leer eso empece a entender ciertas cosas que no pienso nombrarlas, sería el fin de mi existencia. Lo mejor es estar escribiendo todas estas cosas y escuchar de fondo el tema de Adele "First Love" *Un aplauso*
Empece diciendo que no decía nada y ahora soy una cataratas de lamentos que la verdad no se si llamarlos de esa forma. No me producen tristeza si no que es raro, es algo que me libera a pesar que debería decir algunas cosas con alguien que me responda con un -Esta todo bien-... *recuerdo*
Escribir todas estas cosas y escuchar los temas de Adele de fondo es realmente saber como deprimirse y cagarse de risa por un rato.
miércoles, 15 de febrero de 2012
Famous Last Words
I see you lying next to me
With words I thought I’d never speak
Awake and unfraid
Asleep or dead
My Chemical romance
Helena.
Can you hear me?
Are you near me?
Can we pretend to leave and then
We'll meet again
When both our cars collide?
My Chemical Romance
I don't love you.
Where’d you go?
So never think
I’d make you try to stay,
And maybe when we get there,
I’ll think enough,
To find another way.
martes, 14 de febrero de 2012
San Valentine's Day
Realmente nunca pase el día de San Valentine/Cupido/borrachohijadelaputaquesiemprerroelflechazo acompañada. Siempre imagine el día con alguien que me regale un pote de helado (odio e chocolate), siempre lo imagine perfecto pero siempre estoy sola. Es mi mala suerte (?) Este año tuve la maldita oportunidad pero fallo/falle. Si puedo lo sigo este trauma mañana, ahora la tengo a mi querida madre amenazándome con que si no apago la computadora me va a dar la cabeza contra en teclado.
viernes, 10 de febrero de 2012
jueves, 9 de febrero de 2012
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