Uno siempre necesita un lugar donde expresar su dolor, su alegría y hasta sus más profundos deseos. Esos lugares en los que puedes quitarte el antifaz y ser al menos uno mismo por solo unos momentos. Todos necesitamos un lugar en el cual podamos expresar lo que nuestra alma clama a gritos, allí donde eres feliz sin importar lo que digan o hagan, donde pensemos con el corazón y no con la cabeza, donde podemos sentirnos vivos y no aparentarlo, donde sentimos el sol naciente tibio y no frío.