Esto no creo que empiece de la mejor manera porque allí esta él viendo como ella se acerca cada vez más, vestida de ese blanco tan puro y hermoso, sonríe como un idiota realmente enamorado, sus ojos brillan llenos emoción y alegría Algo que conmigo jamás sucedió. Jamás pensé que encontraría a alguien como él, era tan perfecto aunque sea algo terca con ese concepto. Le reprochaba cada vez que él me lo decía por lo tanto yo nunca, o eso creo, le mencione lo perfecto que era para mi. Cada silueta, movimiento, gesto, risa, llanto, cualquier cosa era perfecta como si inconscientemente estuviera ensayada unas 10 mil veces al día. Retomando el tema, allí estaba yo sentada en unas de las primeras bancas de la iglesia esperando por ese “si, acepto” que desgarraría mi alma y destrozaría mi corazón; allí estaba sonriendo y llorando al mismo tiempo fingiendo de una forma profesional mi alegría por aquel momento emotivo. Ella caminaba con una elegancia que prácticamente podría creerse que era sobreactuada, simplemente lo mío era envidia pura asía aquella mujer que había provocado que yo quedara de lado sin importancia. Pero la pregunta existencial mía era ¿Por qué estaba yo ahí? ¿Por qué estaba sentada en unas de esas filas? ¿Por qué se acordó de mí? Algo del pasado, que lo único que recuerdo haberle provocado fue un dolor cuya presencia se hacía notar cada vez que uno guardaba silencio y ningún sonido se hacía notar. Como deseo haber podido gritar en ese momento, haberlo tratado como se merecía, decirles las muchas cosas que simplemente callaba por miedo a no ser reconocida, por miedo a que me tengan miedo. Una mirada nerviosa dirigida al lugar donde me encontraba y un movimiento de cabeza, que podían significar millones de cosas pero solo se llegaba a percibir una sola: Gracias. Eso me mato lentamente durante los próximos 20 minutos dejándome anonadada de una forma hipnótica y extraña, no pude gesticular absolutamente nada ni reaccionar de una forma dramática como salir corriendo y llorando de la iglesia cual alguien que acaba de escuchar el veredicto de muerte. Como decía, estos 20 minutos transcurrieron lentos, el si ya estaba dicho y ya no quedaba nada más que hacer allí. Con cuidado salude a cada uno de los familiares que obviamente me conocían, mire con desden aquel altar que jamás pisaría con aquella persona que siempre ame, y me largue de ahí con un odio profundo y un hueco en el alma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario