jueves, 12 de abril de 2012


Apagóse la queja del herido
cuando la muerte le besó en la frente,
y el vencedor mezcló el grito estridente
al llanto doloroso del vencido.


El campo ensangrentado, entretejido
de escudos, yelmos, lanzas, de repente
percibe el aleteo intermitente
de la Victoria en vuelo descendido.


Los pliegues de la túnica, rizados 
por los múltiples dedos de la brisa,
se ciñen a su cuerpo de mujer...
En mis combates, por amor librados,
tratando de apropiarme tu sonrisa,
su imagen victoriosa quiero ver.
Francisco Álvarez Hidalgo

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